Aprendiendo a canalizar: la conversación divina.
- Marcos

- 10 mar 2022
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 18 ago
Este es un sencillo proceso que pone en práctica la confianza, por lo que te animo a probarlo no solo cuando te encuentres mal, sino todos los días, para anclarte en el Amor.

Piensa en una entidad o concepto que represente para ti la asistencia divina: Dios, Padre, Espíritu Santo, Fuente, Vida, Amor, Ser, ángel guardián, Jesús, Buda, maestro espiritual, etc. Escoge aquel con el que te sientas más cómodo y habla con él. Huelga decir que no has de escoger a seres queridos ni familiares difuntos, sino a algo o alguien que represente a lo divino. Cuéntale cómo te sientes, cómo te ha ido el día, tus proyectos, tus sensaciones, tus incertidumbres, etc. Háblale como si fuera tu confidente más íntimo, y a ser posible, en voz alta o en susurro, en lugar de mentalmente.
Cuando nos sentimos mal e iniciamos esta conversación, estamos eligiendo confiar contra todo pronóstico. Elegimos confiar en que nuestras palabras son escuchadas —a pesar de nuestras emociones—, y al continuar la charla, nos afianzamos en nuestra confianza. Tras unos minutos, comenzarás a sentirte aliviado, pues al actuar con esta determinación confiante, estamos haciendo un llamado al Amor.
Entonces, cuando comiences a sentir los ecos del Amor —alivio, paz, gozo, tranquilidad, consuelo—, sentirás también impulsos amorosos en tu corazón que parecen traer caricias celestiales. Estos impulsos son la respuesta de tu interlocutor, la respuesta del Amor. Escúchalos y trata de ponerlos en palabras, también en voz alta o en susurro. A medida que te acostumbres a traducir estos impulsos amorosos, serás más capaz de escuchar sus consejos y sus respuestas a tus preguntas. Esto es lo que se conoce como canalizar.
A veces, tendrás que interrumpir tu charla porque sentirás un impulso repentino en forma de respuesta. Otras veces, te apetecerá formular una pregunta y escuchar todo lo que el Amor tiene que decirte. Para traducir estos impulsos, no puedes quedarte esperando.
A menudo tenemos la creencia de que estos mensajes se sienten de forma clara e inequívoca y es por ello que cometemos el error de quedarnos esperando, pero lo cierto es que al principio no notarás apenas diferencia entre estos mensajes y tus propios pensamientos o sensaciones. Por eso es importante que comiences a verbalizar lo primero que sientas en tu corazón, aun creyendo que te lo estás inventando. Es necesaria esta prueba de confianza para poder escuchar el mensaje. Con la experiencia, percibirás claramente la diferencia entre estas respuestas y tus pensamientos ordinarios, pues conforme aumente tu confianza, también aumentará tu capacidad de abrirte al Amor, y por tanto, serás más capaz de reconocer el Amor en los mensajes:
Tendrán la capacidad de abrazarte y transportarte a una dimensión atemporal de dicha y gozo. Ninguno de tus pensamientos ordinarios es capaz de esto.
Estas conversaciones con lo divino me han enseñado gran parte de lo que sé sobre espiritualidad, sanación y canalización. Pregunté cómo sanarme a mí mismo, cómo sanar a los demás, cómo compartir esto y cómo solucionar los inconvenientes con los que me iba encontrando a lo largo de la práctica de la sanación.

Absolutamente todas las respuestas que recibí fueron 100% satisfactorias. En la mayoría de casos no era la respuesta que mi ego esperaba, pero todas inspiraban tanto Amor y confianza, que no podía sino reconocer la verdad en ellas. Algunas tenían tanto ingenio que me sorprendía que algo así hubiera salido de mí y esto, junto a lo que me hacían sentir, fue decisivo para reconocer que estos mensajes no provenían de mi consciencia ordinaria. También me advirtieron de mis malas decisiones, de mis autoengaños o de mis planes egoicos, y muy suave y amorosamente, me hicieron ver que actuaba desde el miedo para no hacer lo que el Amor me pedía.
Estas conversaciones han sido la base de todo, y te animo a que sean tu base espiritual también. Cultiva esta relación divina como la más importante que tendrás en esta vida.
Puedes probar a emplear diferentes nombres para tu interlocutor para ver con cuál te sientes más cómodo. Yo personalmente me siento más cómodo hablándole a un concepto menos abstracto que Fuente o Vida, y casi siempre opto por el término Padre. Verás que la forma de expresarse puede cambiar, aunque el mensaje sea igualmente amoroso. Puede que las respuestas de Fulanito te resulten más tiernas o que las de Menganito suenen más autoritarias. No sé hasta qué punto el tono de las respuestas está influenciado por nuestras creencias personales acerca de nuestro interlocutor, pero sospecho que tiene mucho que ver. No obstante, lo importante es el mensaje, no el mensajero. Todos los mensajes son inspirados por el espíritu de Amor universal.
Registrar las conversaciones

Finalizar una conversación es como despertar de un sueño: si no escribes de inmediato tu experiencia, a los pocos minutos no recordarás absolutamente nada, y no es una exageración. Ten en cuenta que la canalización, así como la sanación, no se producen en nuestro estado ordinario de conciencia (ondas beta), sino en otro más profundo (ondas alfa o incluso theta), y el pasar de un estado profundo a otro que lo es menos se suele experimentar como el despertar de una ensoñación. Esto puede hacer que olvides rápidamente buena parte de tu experiencia o que le quites credibilidad, por eso es de vital importancia llevar un registro.
Escribir la conversación: es la opción más práctica, porque puedes acceder de inmediato a todos los registros. El único inconveniente es la relativa lentitud de la escritura manual, que no es comparable a la fluidez del habla. Tu interlocutor te irá dictando la respuesta. La irás sintiendo en tu corazón al ritmo adecuado para escribir. Por lo general, este método respeta los códigos del lenguaje escrito, por lo que las respuestas irán más al grano. Es por esto que es la opción preferida de mucha gente.
Grabarla en audio: es muy cómodo, pero no muy útil si no transcribes luego toda la conversación para su posterior lectura y revisión. Las canalizaciones en audio pueden llegar a ser muy largas al contener más divagaciones, ejemplos u otras características más propias del lenguaje oral, y pasar todo eso por escrito es una tarea un tanto tediosa. Es muy buena opción si vas a realizar canalizaciones para otras personas.
Mecanografiar con un teclado: es el método que uso actualmente porque me permite escribir a gran velocidad sin ningún esfuerzo. Merece la pena aprender mecanografía si te dedicas a la canalización, pues llega un momento en que los dedos se mueven de forma casi automática y puedes registrar la conversación casi en tiempo real.
Escribir un resumen: si tienes la conversación mientras paseas por el campo, por ejemplo, esta será tu única opción. Lo ideal es que pase el menor tiempo posible entre la conversación y su registro. Si, al finalizar, no tienes una libreta donde apuntar, graba un resumen en tu móvil para que, cuando llegues a casa, puedas pasarlo por escrito como en la opción anterior. Escribe lo que recuerdes en tercera persona: me ha dicho que… De este modo, no te engañarás a ti mismo escribiendo ideas que realmente no se dijeron, pero que dedujiste a posteriori.
Habrá momentos en los que necesites una respuesta clara y optes por la primera opción; momentos en los que quieras tener una larga charla y veas más conveniente la segunda; o momentos en los que te apetezca pasear por la naturaleza y disfrutar de la compañía de tu interlocutor, y habrás de escribir un resumen posterior. No se trata de casarte con un solo método, sino de elegir el más conveniente en cada ocasión.




Comentarios